Tras la desaparición de su padre a manos de un señor oscuro, un rey niño hereda un reino devastado: un castillo, una tierra yerma y un cristal capaz de dar forma a los edificios. Desde el trono, el jugador decide dónde levantar casas, panaderías y academias, atrae nuevos habitantes y recluta a los más valientes como aventureros. Son ellos quienes salen a explorar las mazmorras cercanas, mientras el rey reparte órdenes, cuida el ánimo del pueblo y escucha los informes al caer la tarde. My Life as a King invierte la fórmula clásica del rol: no se empuña la espada, sino la responsabilidad. Su secuela, My Life as a Darklord, da otra vuelta de tuerca y pone al jugador al otro lado del tablero.
Final Fantasy Crystal Chronicles
Una caravana, un cáliz y una gota de mirra
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